Motivación y satisfacción basada en el servicio

-¿Cuanto cuesta la libertad?

-La libertad te costará la máscara que llevas puesta -dijo ella-, la máscara que te hace sentir tan cómodo y tanto cuesta desechar, no porque se adapte muy bien sino porque la has llevado durante mucho tiempo. -Ella dejó de pasearse y se detuvo ante la mesa de cartas.

¿Sabes que es la libertad? -Preguntó retóricamente-. La libertad es total ausencia de preocupación por ti mismo -continuó al tiempo que se sentaba junto a mí, sobre la cama-. Y la mejor manera de dejar de preocuparte por ti mismo es preocuparte por otros.

Florinda Donner

Con tal que tuvieras bastante amor, serías el ser más poderoso del mundo.

Emmett Fox

Servir a otros de forma desinteresada y saber que haz contribuido a que estas personas tengan una vida mejor es una de las fuentes de motivación y satisfacción más poderosas que he conocido, siempre tuve una inclinación en ayudar a otros y a veces veía que me preocupada más por los problemas de otros que lo que los dueños de los problemas se preocupaban por sus propios problemas, después aprendí una filosofía que decía: no te preocupes por los problemas de otros, ocúpate de los problema de otros, que significaba que sólo piense en todos los problemas que podía tener la humanidad cuando este haciendo algo para solucionarlos, preocuparme y no hacer nada no solo no mejora la vida de los menos afortunados sino que empeora la mía.

Existe una conmovedora historia que realmente me impacto hace tiempo e influyó mucho en mi decisión de que quería escribir un blog en el que pudiera recompilar diferentes ideas, datos y mensajes capaces de enriquecer la vida de las personas, la historia se encuentra en el libro de Anthony Robbins “Poder Sin Límites” que me permito transcribir ya que quizá muchos sepan del libro y hasta lo tengan pero como es un gigante de 400 páginas no se hayan animado a comprarlo o leerlo.

El año pasado, durante uno de nuestros programas para niños, tuve una experiencia que no olvidaré jamás. Era una acampada de doce días, durante los cuales enseñamos a los pequeños muchas de las cosas que hemos comentado en este libro, y les ofrecimos experiencias susceptibles de modificar su confianza, su capacidad de aprender y su iniciativa. En verano de 1984 clausuramos el campamento con una ceremonia durante la cual todos los asistentes recibieron medallas de oro como las de los Juegos Olímpicos. En ellas se decía “Tu puedes hacer magia“. No terminamos hasta las dos de la madrugada, y fue un acontecimiento muy alegre y emotivo.

Regresé a mi habitación muerto de cansancio y recordando que debía levantarme a las seis de la mañana para subir al avió y encaminarme a otra actividad, pero también sentía la satisfacción de una jornada gratificante. Hacía las tres, cuando empezaba a conciliar el sueño, oí que llamaban a la puerta. ¿Quién sería?

Al abrir vi que era un muchacho, el cual me dijo: “Señor Robbins, necesito que me ayude”. Me disponía a decirle que podía telefonearme a San Diego la semana próxima, cuando oí el ruido detrás del muchacho y vi que era una niña que lloraba desconsoladamente.

Pregunté que ocurría, y el chico me contó que la niña no quería regresar a su casa. Le dije que la hiciera pasar, que practicaríamos un anclaje para que se sintiera mejor y tuviese ganas de regresar a casa. El muchacho me dijo que no era esa la dificultad; que la niña no quería volver porque tenía un hermano, que vivía con ella, y que desde hacía siete años abusaba de ella sexualmente.

Así que hice que entrasen ambos, y utilizando las herramientas que hemos estudiado en este libro cambié sus representaciones internas en relación con esas experiencias negativas del pasado, de manera que dejasen de ser dolorosas. Luego anclé sus estados de mayor fuerza y posesión de recursos con esas representaciones internas redefinidas, de modo que sólo con pensar en su hermano o en presencia del mismo, entrase en estado de sentirse dueña de la situación.  

Después de esta sesión ella decidió telefonearle. Se encaminó al teléfono en estado de total dominio de sus recursos y de despertó: “¡Hermano! -le dijo en un tono de voz que probablemente él no le hubiera oído nunca-. Sólo quiero decirte que hoy vuelvo a casa, y será mejor que no me mires de manera que yo crea que estás pensando en lo de siempre. Porque si lo haces, irás a la cárcel para el resto de tus días y pasarás toda la vergüenza. Pagarás por lo que hiciste. Te quiero porque eres mi hermano, pero no pienso consentirte nunca más esas cosas. A la primera insinuación que me hagas, estarás perdido. Hablo en serio. Cariños y adiós”. El otro entendió el mensaje.

Ella colgó, sintiéndose fuerte y dueña de sí misma por primera vez en la vida. Abrazó a su amigo y ambos lloraron de alivio, y me premiaron con los abrazos más increíbles de mi vida. El chico dijo que no sabía cómo agradecérmelo. Respondí que me consideraba recompensado al observar el cambio que se había producido en ella. Pero él replicó: “No. He de pagarle de alguna manera… Voy a darle -agregó-  una cosa que es muy importante para mí”. Y se quitó la medalla del campamento y me la puso alrededor del cuello. Luego se despidieron con besos, diciendo que no me olvidarían. Cuando se hubieron ido, subí al dormitorio para acostarme. Mi mujer, Becky que lo había oído todo, estaba llorosa de emoción, lo mismo que yo. “Eres increíble. La vida de esos chicos nunca volverá a ser la misma“, dijo, y yo contesté: “Gracias, querida, pero CUALQUIERA QUE TUVIESE ESOS CONOCIMIENTOS HUBIERA HECHO LOS MISMO“. Y ella respondió: “Si, Tony, pudo ser cualquiera pero el caso es que lo hiciste tú”.

Servir a otros desinteresadamente y hacer un buen trabajo en ayudar a quien no tiene como pagártelo, no tiene precio,

Cuando estaba estudiando la Biblia me preguntaba porque hay traducciones en las que la palabra amor es traducida como “caridad” y me explicaron que en el contexto de la Biblia se puede considerar a la caridad no como algo que das a otros porque las personas te inspiran lástima, sino porque la caridad es considerada el “amor en acción” es tú deseo de ayudar a otros el que se manifiesta, el deseo de que recuperen su fe en la humanidad y en Dios, de que consideren que quizá el mundo no está echado a la perdición y que todas las personas no son iguales por mucho que hayan sido muchos quienes les hayan hecho mal, el buscar lo mejor para otros aunque esto pueda implicar lo peor para ti y hacerlo sólo por querer verlos con una vida mejor siendo mejores personas.

Tuve el privilegio que disfrutar de este tipo de motivación y satisfacción varias ocasiones, en esos casos la expresión de gratitud por las personas que ayude sobrepaso todas las expectativas y me daba una sensación increíble, aunque hay personas malagradecidas también hay quienes pareciera que nunca se cansan de agradecerte y estarían dispuestos a ayudarte sin pensarlo si en sus manos estuviera el hacerlo en el futuro.

Hace tiempo escuche sobre un joven que se había suicidado y que en una carta póstuma había expresado que todos sus órganos sean donados a quienes lo necesiten, me impresionó que exista tan hermoso deseo acompañado de tan horrible decisión, aún en sus problemas este joven pensó en los demás, aunque hubiera sido mejor que hubiese pensado más en sí mismo.

Has experimentado muchos placeres… Experimenta el placer de servir y verás cómo el mundo comienza a reclamarte como un ser imprescindible.

Carlos Cuauhtémoc Sánchez en “La Última Oportunidad”

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